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Lima – Perú
gustitos1
07.12.2015

Los santos buñuelos de Edith

Fue un 1 de noviembre cuando por motivos económicos salí a vender comida a la calle. Regresé a mi casa con las ollas llenas de comida y tristeza, pero con una idea que apareció cuando vi a otras señoras que vendían buñuelos.

Fue un 1 de noviembre, Día de Todos los Santos de hace unos veinte años, cuando por motivos económicos salí a vender comida a la calle, pero no vendí ni un solo plato. Regresé a mi casa con las ollas llenas de comida y tristeza, pero con una idea que apareció cuando vi a otras señoras que vendían buñuelos.

En ese momento aprendí cómo se preparaban esos postres con forma de pequeñas llantitas de harina. Decidí que al día siguiente yo también los vendería. Por eso no me importó pasar toda la noche ensayando a preparar la masa y hacer las llantitas. Es cierto que quemé algunos buñuelos, pero lo hacía cargada de fe y ganas. La mañana siguiente ya estaba lista para comenzar.

Desde entonces, mi hijo Edver y yo nos dedicamos al negocio de saciar los antojos de nuestros clientes ofreciéndoles postres a base de harina y camote con zapallo, pero también tenemos innovaciones de quinua, kiwicha, maca, siete sabores, maíz morado, manjar blanco. La tradicional miel también la variamos ya sea con papaya tradicional o con otros sabores más extravagantes como por ejemplo la miel de rocoto, con un picor exacto, no agresivo al paladar.

Hoy, dos décadas después, aún vendo mis postres en el molino de Sabandía y mi hijo en la plaza de Characato, al costado de la iglesia tradicional del pueblo. Con este negocio he logrado darle armonía, educación y salud a mi pequeña familia.

Gracias al talento aprendido gané el primer puesto en la Ruta del Loncco Arequipeño, allá por el año 2011. En aquella ocasión preparé buñuelos de quinua. Luego, cuando participé en Festisabores conocí a Astrid, la esposa de Gaston Acurio. Ella me felicitó y me pidió que siga adelante.

El otro artífice del éxito de Buñuelos Gustitos es el ímpetu de mi hijo Edver, que ahora se dedica a tiempo completo a la preparación de buñuelos. Él es quien maniobra la masa con esa destreza que solo los malabaristas tienen. Él es mi orgullo y mi fuente de inspiración. Yo quería ser cocinera, pero los buñuelos fueron el milagro de aquel 1 de noviembre, Día de Todos los Santos.

Edith Salas Llerena

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