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Lima – Perú
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30.07.2015

Los alfajores con historia de Daría Valdivia

En la familia Vildoso nunca pensaron en preparar alfajores para vivir. Fue su visión la que encaminó la afición a la creación de una marca y expandirse.

Hay ocasiones en las que las historias dulces nacen de una amarga experiencia. Esto es lo que le pasó a doña Daría Valdivia. Ella era de Tarapacá, pero tuvo que dejar su amada tierra tras la infausta guerra con el vecino del sur. Como cabeza de familia emigró con toda su estirpe a Arequipa. Llegó primero al puerto de Mollendo y más tarde al Tambo donde desembarcó cargada de dolor, pero también de amor y un gran secreto.

Ella traía como parte de su equipaje la receta mágica de los alfajores que no quiso dejar como legado en Chile. Además, sus dotes de cocinera hicieron que se ganara la vida preparando banquetes para todas aquellas familias que se lo pedían.

“Mi bisabuela, después de la Guerra con Chile, migró a Arequipa desembarcando en el puerto de Mollendo y más tarde a Tambo, Distrito de Punta de Bombón. Un año más tarde, se trasladaron al pueblito llamado la Curva Capital del Distrito de Dean Valdivia. Mi Madre nos contaba que nuestra abuelita preparaba banquetes a gente que se lo requería y como cortesía obsequiaba alfajores”, cuenta hoy su bisnieto y dueño de la “Dulcería Vildoso”. Gustavo Avalos Vildoso.

La hija de Daria Valdivia, Concepción Juárez, continuó con la preparación de potajes en Tambo, cultivando una tradición que su hija Isabel Vildoso llevó en su sangre hasta sus últimos días.

Graduado en la Universidad Nacional de San Agustín como ingeniero industrial, Gustavo Ávalos Vildoso narra que su madre, Isabel Vildoso, le enseñó a amasar y preparar alfajores desde muy pequeño.

“Disfrutábamos estar con mamá empolvados de harina. Éramos muy pequeños. Recuerdo a mis padres y a mis dos hermanos reír por horas mientras preparábamos la masa para el alfajor”.

Luego que su madre muriera, hace 10 años, Gustavo tomó las riendas de la empresa que trasladó de Tambo a una pequeña casa en la avenida Huáscar, en Alto Selva Alegre.

En la familia Vildoso, según nos cuenta, nunca pensaron en preparar alfajores para vivir. Fue su visión la que encaminó la afición a la creación de una marca y expandirse.

En el 2009, el primer reconocimiento llegaría con el premio al mejor dulce regional realizado en Arequipa, con el nombre de “Dulce del Perú”. En esa oportunidad, participarían expertos en repostería de toda la región sur, pero el éxito no se detendría; en el 2012 lograrían el máximo galardón en Mistura con el mejor alfajor de antaño, venciendo a 10 regiones. Hoy el sueño de esta empresa es expandirse al extranjero, algo que sabemos pronto logrará.

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